Hace dos semanas, unos amigos decidimos hacer una visita al Museo Lunar de Fresnedillas. Yo sabía de su existencia unos meses antes, aunque no había tenido la oportunidad de visitarlo hasta ahora. También tenía referencias por algunos compañeros de trabajo, que habían trabajado en la estación espacial de Fresnedillas, de la importancia que dicha estación había tenido en el programa Apolo de NASA y en el programa de misiones tripuladas de la Agencia americana.
El museo no es muy grande ni espectacular, pero sí resulta bastante interesante, sobre todo por la información que proporciona la guía y responsable del mismo que nos atendió muy amablemente. Mucho del material que allí se expone proviene de la estación original y de antiguos técnicos que trabajaron en la misma. Me gustó especialmente uno de los videos que nos pasaron en el que antiguos técnicos de la estación contaban como nació ésta y como vivieron momentos tan interesantes de la Historia de la Exploración Espacial y, yo diría, de la Humanidad. Según entendí, la iniciativa es municipal y han tenido apoyo puntual de NASA y ESA, pero aquí, quién debería realmente dar su apoyo es el INTA, proporcionando material, organizando más eventos, etc. etc.
Algunos enlaces al respecto:
Museo Lunar
Ocio en Familia
Video sobre el museo
Para que se hagan una idea de la importancia que tuvo la estación de Fresnedillas, ésta era la estación que estaba en contacto con el módulo lunar cuando estaba descendiendo sobre la superficie de la Luna con Amstrong y Aldrin. Desde Fresnedillas, se enviaron los mensajes a los astronautas indicándoles que les quedaban sólo 30 segundos para alunizar (ya que tuvieron que hacerlo en modo manual por un fallo), y las imágenes del descenso también se recibieron a través de Fresnedillas.
Les recomiendo a aquellos que tengan un poco de curiosidad por el mundo de la exploración espacial (o símplemente curiosidad por saber), que se acerquen a Fresnedillas de la Oliva y visiten el Museo Lunar (eso sí, no os recomiendo ir con niños menores de 10 años), creo que vale la pena. Además, luego se pueden quedar a comer, que hay un par de restaurantes con mucho encanto, y disfrutar, de paso, de un entorno natural envidiable.
¡Hasta otra!

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